EL OLIVAR, UN CULTIVO MUY NUESTRO

El cultivo del olivo es uno de los más extendidos en España, alcanzando en la actualidad una superficie de unos 2,65 millones de hectáreas.

Está claro que el objetivo de cualquier plantación frutal es la obtención del máximo rendimiento económico.

En el caso del olivo, es necesario establecer un plan de producción que proporcione la máxima calidad y cantidad de aceitunas con el menor costo posible.

Lo primero que debemos tener en cuenta antes de plantearnos el cultivo de un olivar es que se trata de una inversión a largo plazo, por lo que hay una serie de variables que se tienen que tener en cuenta para poder sacarle el máximo rendimiento durante el mayor periodo de tiempo posible.

Hoy vamos a hablar de estas variables que debemos tener en cuenta, sin olvidarnos de ofrecerte nuestros mejores consejos si ya tienes un olivar y lo que quieres es sacarle el máximo provecho.

EL OLIVAR

Empecemos por definir esta planta y hablar de sus características. El olivo (Olea europaea) es un árbol Perennifolio de la familia de las Oleaceae cuyo preciado fruto es la oliva. Se caracteriza por tener un sistema radicular de raíz pivotante que se ramifica mucho y por presentar unas hojas lenceoladas, decusadas y coráceas.

Este árbol, de origen eminentemente mediterráneo, puede alcanzar alturas considerables, pero se trabaja para que tenga un tamaño más fácil de manejar para mejorar la productividad.

Se trata de una especie de cultivo fácil, aunque no tolera temperaturas inferiores a 10º bajo cero. En caso de variedades muy tempranas, puede presentar problemas de heladas en las que el fruto resulta dañado, pero no suele traer más dificultades que las relacionadas con el frío o un calor en exceso, que puede afectar a la polinización.

El olivo es un cultivo muy resistente a la sequía y a los suelos calizos. Además, es muy tolerante a la salinidad.

Este tipo de cultivo necesita mucha luz, ya que una deficiencia de la misma puede producir una reducción en la formación de flores o en la calidad de estas, mermando la producción.

En cuanto a las variedades que presenta este tipo de cultivo, podemos decir que existen numerosos tipos locales que se han ido trasladando a distintos ámbitos geográficos. De estas variedades podemos establecer dos grupos: variedades de mesa y variedades para aceite.

Variedades de mesa:

  • Manzanilla Sevilla. Distribuida en todo el mundo y muy productiva. Presenta una buena relación pulpa-hueso.
  • Gordal Sevillana. De frutos muy grandes y de baja calidad.

Variedades de aceite:

  • Extraordinaria por su rendimiento graso, su rápida entrada en producción y su fácil mecanización durante la recolección.
  • Muy buen rendimiento graso y muy buena calidad de aceite. Presenta el inconveniente de dar frutos muy pequeños y ramos que transmiten muy mal la vibración durante la recolección.
  • Variedad de doble aptitud, aunque mediocre en los dos casos. Como variedad de mesa se conoce con el nombre de perlas del Guadalquivir. Tiene alta tolerancia a suelos calizos y un fruto de tamaño aceptable.
  • Variedad que vegeta muy bien y produce un aceite de excelente calidad, pero es muy sensible al “Repilo”. Presenta un fruto grande que termina en un pezón que le hace merecedor de su nombre, y que se dispone de forma asimétrica. También se caracteriza por la aparición de hojas bífidas u hojas dobles, aunque de forma general son ovaladas y de gran tamaño.
  • Cornicabra o cornezuelo. Del fruto, muy alargado y asimétrico, se obtiene un elevado rendimiento graso con muy buena calidad de aceite, pero tiene muy mal comportamiento frente a las principales plagas y enfermedades.

PREPARACIÓN PARA LA PLANTACIÓN DEL OLIVAR

Ahora que ya hemos repasado cuáles son las principales características del olivar y las diferentes variedades que presenta, es el turno de hablar de las condiciones necesarias para la preparación y mantenimiento de este tipo de cultivo.

En primer lugar, podemos afirmar que el cultivo del olivo se basa en cinco premisas que se consideran fundamentales:

  1. Una poda proporcionada con la edad, la variedad y el estado vegetativo.
  2. La realización de labores en el terreno o el mantenimiento del suelo por métodos sin laboreo.
  3. La fertilización del suelo: se realizará por dos vías de aplicación y que deben ser combinadas entre ambas. Por un lado, mediante la aplicación de fertilizantes al suelo. Por otro, la aplicación vía foliar a través de las hojas.
  4. Los diferentes controles fitosanitarios.
  5. El riego de plantaciones en aquellas zonas posibles para incrementar la calidad y cantidad de la cosecha.

Nosotros vamos a centrarnos en la parte de la fertilización y los nutrientes. Toma papel y lápiz porque esta parte es compleja y muy importante. Ya sabes que si tienes alguna duda, siempre puedes contar con nosotros para ayudarte en lo que necesites.

Nutrientes

Para una óptima productividad, el olivo requiere cantidades equilibradas de los diferentes elementos minerales presentes en el suelo. Entre los más importantes y demandados por el olivo, podemos citar al Nitrógeno (N), el Fósforo (P) y el Potasio (K).

Estos minerales son requeridos en grandes cantidades por el olivar y en algunos suelos se pueden encontrar en niveles bajos o deficitarios, por lo que es preciso en esos casos corregir mediante la práctica de fertilización.

Lo importante es que los nutrientes se encuentren equilibradamente en el suelo y disponibles en los momentos y cantidades que el olivar demande para su óptimo crecimiento y producción.

Por último, se deben considerar ciertos elementos minerales presentes en el suelo y que el olivo necesita en bajas concentraciones para no sufrir problemas de intoxicaciones que ocasionen mermas en su productividad. Estos elementos son el Sodio (Na), el Boro (B) y los Cloruros.

En los primeros años de crecimiento, los elementos minerales del suelo que más requiere el olivo son el Nitrógeno, el Fósforo y el Potasio. En estos primeros años las necesidades de estos elementos son muy distintas a cuando el olivar se encuentra en plena producción, debiéndose estimulara a la planta a que genere nuevas raíces para su rápida adaptación e implantación en el terreno.

En cambio, cuando el olivar se halla en plena producción y sin limitante alguna en su crecimiento, los mayores requerimientos minerales serán fundamentalmente de Nitrógeno y Potasio.

Has de tener en cuenta lo siguiente para la fertilización del olivar en el momento de la plantación: su objetivo es aportar a los olivos jóvenes aquellos elementos minerales que, por su escasa movilidad en el suelo, deben colocarse cercanos a las raíces, para un mejor aprovechamiento. Con lo cual será necesario agregarlo en el fondo del hoyo o en la línea de plantación y al alcance de las raíces, pero no en contacto directo con las mismas.

El Fósforo juega un rol importante en este proceso, por lo que es necesario que el fertilizante que se aplique en esta etapa sea fosfatado. Por otro lado, debido al escaso movimiento del fósforo en el suelo, es necesario agregarlo en el fondo del hoyo o en la línea de plantación y al alcance de las raíces, pero no en contacto directo con las mismas porque puede ocasionar intoxicaciones al cultivo. Tras la plantación, y con el cultivo ya establecido, el fósforo debe seguir siendo aplicado de forma localizada y lo más cercano posible a las raíces activas.

Por otro lado, el Nitrógeno necesario en este periodo de crecimiento no es demandado en demasía por el olivo. Es por esto que solo se debe agregar en pocas cantidades y fraccionado en distintos momentos para estimular la formación de nuevas hojas y brotes en la joven planta.

Por su parte, el potasio es poco demandado en esta etapa del cultivo, por lo que la fertilización potásica no es necesaria, (siempre y cuando el suelo disponga de este elemento en cantidades apropiadas) sino hasta la entrada en producción del olivar.

Cuando los olivos se encuentran en plena producción, las exportaciones de Nitrógeno y potasio del suelo son mucho mas importantes. Aunque ambos elementos son extraídos durante todo el ciclo, el Nitrógeno es especialmente demandado cuando comienza la actividad vegetativa, a la salida de la parada invernal, para proporcionarle desarrollo y vigor al árbol. Las extracciones de potasio, sin embargo, son más importantes en las etapas de maduración y engorde, lo que proporcionará producción y calidad de fruto. Por ello, según las condiciones, puede ser interesante incluso fraccionar los aportes de NPK privilegiando formulas altas en N a la salida del invierno, y fórmulas altas en Potasio en los periodos de engorde y maduración a principios del otoño.

Como ves, es muy importante aportarle al olivo la cantidad justa de los nutrientes que necesita. Esto no es tarea fácil, y no ser cuidadosos puede producir estragos en la producción. Por eso, te recomendamos que cuentes siempre con el apoyo de nuestros técnicos de DFINNOVA, profesionales especializados que sabrán ofrecerte exactamente lo que necesitas para que tú solo tengas que preocuparte de disfrutar de los resultados de tu cosecha.

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