Cereal

  • INTRODUCCIÓN

Los cereales son fundamentales para la dieta humana, resisten diferentes condiciones climatológicas, son fáciles de almacenar y conservar, y muy versátiles en la cocina. Además, no solo son utilizados para uso alimentario, y de ellos, además de la semilla, se utiliza también la paja. Todas estas cualidades los convierten en uno de los cultivos estrella en el mundo en general, y en particular en España.

Hoy vamos a ver sus peculiaridades para entender mejor este cultivo y sus necesidades.

¡Vamos allá!

  • ¿QUÉ ES EL CEREAL?

Los cereales pertenecen a la familia de las gramíneas y se cultivan por su grano, rico en almidón y proteínas. Los cereales pueden ser almacenados de forma sencilla y durante largas temporadas de tiempo sin perder cualidades.

Se trata de plantas anuales muy adaptadas a las necesidades del ser humano, pues fueron las primeras especies cultivadas. Existe gran diversidad biológica y se pueden establecer bajo condiciones agroclimáticas muy distintas. En España suponen más del 60% de la superficie total de cultivos herbáceos.

Los cereales son plantas herbáceas monocotiledóneas de ciclo vegetativo anual de los que podemos encontrar especies como las siguientes:

  • Trigo blando (Triticum aestivum)
  • Trigo duro (Triticum durum)
  • Cebada (Hordeum vulgare)
  • Avena (Avena sativa)
  • Centeno (Secale cereale)
  • Triticale (X Triticosecale)
  • Maíz (Zea mays)
  • Sorgo (Sorghum vulgare)
  • Alforfón (Fagopyrum esculentum)
  • Mijo (Panicum miliaceum)
  • Alpiste (Phalaris canariensis)
  • Arroz (Oryza sativa)

En cuanto a sus características físicas comunes, los cereales se caracterizan por presentar una estructura morfológica constituida por un tronco con base de caña, con espiga o panícula de ordinario terminal que proporciona unos granos (las semillas). Estas semillas son la parte que se utilizan como aprovechamiento principal de la planta para la alimentación, tanto humana como animal. Se trata de uno de los alimentos principales de la dieta alimenticia mundial.

Como ya adelantábamos en la introducción, además del uso del grano para la alimentación, también puede destinarse a otros usos, como puede ser la fabricación de bioetanol.

Los cereales se adaptan con facilidad a diferentes tipos de suelos y condiciones climáticas, lo que ha propiciado su extensión en variedad de países. Se trata por tanto de un cultivo con un papel muy importante en la agricultura.

Además del grano como producto principal, también se aprovecha la paja como fuente de celulosa para la alimentación de animales rumiantes, así como para la cama del ganado, el acolchado de suelos como cubierta vegetal inerte en cultivos leñosos como olivar y frutales, y otros aprovechamientos energéticos, como biomasa.

En general, podemos encontrar 2 tipos diferenciados de cereales: los cereales de invierno y los cereales de verano. Los cereales de invierno se suelen sembrar en otoño e invierno, obteniéndose su producción a finales de primavera y en los meses de verano. De este primer grupo destacan el trigo, la cebada, la avena y el centeno.

Los cereales de verano se cultivan con el calor del verano, sembrandose a finales de primavera, y se recolectan a finales de la estación estival o a principios del otoño. Entre los cereales de verano destacan el maíz y el sorgo.

Como habrás podido ver, hay diferencias entre los distintos tipos de cereales y hay que tener en cuenta la mejor época para sembrar el que nos interese particularmente. Esto afecta a muchos factores importantes, como el tipo de suelo, las necesidades de agua del cultivo y las condiciones hídricas de la zona, las horas de luz, etc.

  • PREPARACIÓN PARA LA SIEMBRA DEL CEREAL

Ya sean cereales de invierno o cereales de verano los que vayas a sembrar, tienes que tener en cuenta que el terreno de siembra debe estar en las mejores condiciones físicas y químicas para obtener los mejores resultados en tu cosecha.

Además, debes tener en cuenta la profundidad a la que vas a sembrar dependiendo del tamaño de la semilla o de las condiciones climáticas. Y es que hay semillas que aguantan mejor el frío que otras y eso afecta a la profundidad a la que deben de ser sembradas.

Por otro lado, es importante que no te olvides de la distancia entre las semillas, ya que si unas plantas crecen muy cerca de otras puede haber competencia entre las raíces o incluso dificultad para que puedan absorber la luz de manera óptima. Usando una sembradora, debería haber una distancia de entre 10 y 30 centímetros entre ellas.

Otra cuestión a tener en cuenta es la preparación del suelo. Homogeneizarlo nos ayuda a disponerlo para una siembra más sencilla y es de gran utilidad en el control de las malas hierbas.

Otro procedimiento necesario para la preparación es la trituración de los restos del anterior cultivo, lo que aumenta la materia orgánica del suelo y ayuda a mantener la hidratación del mismo. El triturado e incorporación se realiza a unos 20-35 cm de profundidad, antes de proceder a la fertilización.

Con el fin que la planta aproveche de los nutrientes  desde las primeras fases de desarrollo(especialmente para el P y K poco móviles), se recomienda que la fertilización se realice antes de la siembra o sin que pase demasiado tiempo entre la fertilización y la siembra. La misma se puede hacer con abonadoras tradicionales o con maquinarias mixtas de siembra y fertilización simultánea.

¿Y qué hay de los nutrientes? Al igual que otros cultivos, los cereales necesitan un tipo de suelo que les aporte los macronutrientes esenciales como el  nitrógeno, fósforo y potasio y también nutrientes secundarios y microelementos como el Magnesio, Azufre y ciertos microelementos como Cobre, Cinc y Manganeso.  Para aportarle al cultivo la cantidad justa de estos nutrientes, te recomendamos que consultes con un profesional especializado en la materia. Esto te ahorrará quebraderos de cabeza y te ayudará a obtener los mejores resultados en tus cosechas.

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